Recojo en esta entrada, en plan live blogging, algunas de las ideas de las presentaciones de que estoy disfrutando en este momento en Barcelona, en una reunión de grupos profamilia y provida que ha organizado C-FAM.
John O’Sullivan está haciendo una crítica muy dura y muy razonada de esa elite política y burocrática que trabaja en las instituciones internacionales, como la ONU o la Unión Europea, los “progresistas transnacionales”. Defienden políticas vagamente de izquierdas, excepto en el campo social, en el que son muy radicales. Promueven con determinación la cultura de la muerte.
Se sienten los representantes de los pobres y los necesitados… Se creen incluso titulares de una legitimidad mayor que la de las instituciones de los Estados nacionales. Y sin embargo, no dependen del pueblo, de los votantes, sino de las clases políticas nacionales que les han puesto en su cargo.
Son los burócratas y líderes de los organismos internacionales, las clases políticas nacionales que apoyan la cesión de la soberanía en estos organismos; son los directores de algunas ONG, los llamados “activistas de los derechos humanos”; son los abogados internacionales y los periodistas que apoyan con ardor la corriente del transnacionalismo.
Son “progresistas secularistas”… hasta el punto de crear y promover a una especie de “nueva religión”. Se distancian, cada vez más, del cristianismo, del que nacieron las instituciones internacionales, atacándolo. Están determinados a excluir a los cristianos de la plaza pública.
La alternativa que propone O’Sullivan no es el nacionalismo. Más bien es el principio de subsidiariedad.
Continúa John Fonte, del Hudson Institute. Se refiere a los nuevos derechos humanos, basados en las teorías marxistas de Gramsci, y se basan en la oposición entre los oprimidos y los opresores: los homosexuales versus los heterosexuales; los inmigrantes contra los nacionales; los inmigrantes ilegales por encima de los inmigrantes legales.
Se está produciendo un conflicto entre el progresismo transnacional y el Occidente tradicional. La pregunta es: ¿cómo puede el “Occidente profamilia” mantener su presencia en el debate mundial? Primera estrategia: debemos hacernos oír, luchar en defensa de los verdaderos derechos humanos. Esta lucha será muy difícil, porque la izquierda progresista ha establecido una hegemonía cultural.
Pero hay otra estrategia (la preferida por Fonte): el enfoque indirecto. Según esta estrategia, buscaríamos el Talón de Aquiles de los progresistas transnacionales. ¿Qué les pone nerviosos? El argumento democrático ofrece al Occidente tradicional la oportunidad recuperar legitimidad. Por tanto, nuestra tarea sería denunciar el déficit democrático de las elites transnacionales. La democracia puede por tanto convertirse en un arma de los que defendemos el Occidente tradicional. Fonte propone hablar de “soberanía democrática” y no tanto “soberanía nacional”. “Soberanía democrática” versus “Gobierno mundial”. Plantearíamos de esta forma cuestiones como: ¿Cómo son los responsables elegidos? ¿Cómo dejan de serlo? ¿A quién responden?
Nuestra tarea por tanto sería denunciar el déficit democrático de las instituciones transnacionales. Las “ONGs post-democráticas” y sus aliados hacen daño a la causa de los derechos humanos. Ellos dicen que representan a los más débiles, como otras elites decían que defendían a los trabajadores. Se inventan un nuevo derecho internacional, más agit-prop que otra cosa. Los “derechos humanos absolutos” van cambiando cada diez años. Se van creando, poco a poco, nuevos derechos humanos, que pasan a ser “absolutos”, indiscutibles.
Paradójicamente, no hay nada “universal” en las políticas que promueven los progresistas internacionales: son sus visiones estrechas. Los derechos humanos son demasiado importantes para dejarlos en manos de los “activistas de los derechos humanos”.
De nuevo, John Fonte defiende la subsidiariedad como propuesta frente al transnacionalismo progresista. Y la “soberanía democrática” consistente con los valores del Occidente tradicional. Tan importante como la soberanía democrática es el Gobierno limitado, como fuente de la legitimidad de la soberanía.
Grover Joseph Rees recuerda que los cristianos defendemos los derechos humanos. Por tanto, algo debemos hacer para defender a los débiles frente a la tiranía en el mundo. En consecuencia, las instituciones internacionales son positivas a estos efectos. Sin embargo, curiosamente, los “progresistas transnacionales” son mucho más efectivos en imponer el aborto y promover su ideología en los campos sociales que en luchar contras las tiranías.
¿Qué podemos hacer? En primer lugar, reconocer que los derechos humanos internacionales existen, pero no los definen las organizaciones internacionales. La Declaración de Derechos Humanos de Naciones Unidas es una declaración, un reconocimiento de unos derechos que se basan en la dignidad humana.
Segundo, intentar sacar la defensa de los derechos humanos de Nueva York y de Ginebra y llevarla a los ámbitos de las Naciones. Por tanto, tenemos que ser activos no sólo en la ONU, también en nuestros países.
En tercer lugar, necesitamos rehabilitar la idea de que debemos hacer cosas contra la tiranía: acciones unilaterales, bilaterales y multilaterales. No necesariamente, por supuesto, deben tratarse de acciones militares.
Dejo muchas cuestiones en el tintero. Y sin embargo, recojo algunas ideas que me han parecido enormemente provocativas y clarividentes.






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Todos esos progresistas trasnacionales no son más que los modernos sofistas.
Si los sofistas clásicos se dedicaban a dar a la ignorancia un aspecto de verdad, estos nuevos sofistas de los derechos no hacen más que dar a ciertas intuciones más o menos salvajes (los llamados derechos de tercera generación)el aspecto de derecho humano.
Es ciertamente peligroso porque cada “derecho” de tercera generación conlleva un ataque a un derecho humano fundamental o a varios. Así que estos personajes que parecen los Reyes Magos de los derechos, en verdad son el lobo con el disfraz de oveja.
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Muchas gracias por retransmitirlo en directo, Nacho.
Me ha parecido importante la referencia a Gramsci. Si mucha gente de derechas conociese las teorías de Gramsci, poco recorrido tendrían hoy en día en la sociedad actual.
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Yo creo que si el aborto no fuese un negocio tan lucrativo, se les acabaría su “filosofía progresista”. Y ahora la eutanasia se está haciendo cada vez más lucrativa, por eso les está interesando.
La vida no la puede quitar el hombre.
Que Dios nos proteja.
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Un enfoque original que he visto es el plantear la formulación de ‘constituciones en negativo’: se trata de definir claramente las cosas que NO puede hacer el Estado (o cualquier otra entidad supranacional), preservando así la esfera de la libertad individual.
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Lo que conocemos por derechos humanos tiene un origen indudablemente cristiano. Pretender crear nuevos derechos al margen de los reconocidos de forma universal, es la puerta de entrada a una ideología sectaria. Un saludo.
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Interesante de verdad, Nacho.
Perdóname que me salga del tema, pero hay algo que me carcome desde hace mucho y últimamente le estoy dando aún más vueltas:
Creo que lo primero que deberíamos hacer es oponernos frontalmente a la terminología impuesta desde la izquierda. Creo que, aunque sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de “progresistas”, debemos empezar por negarnos a otorgarles ese título, ante todo por respeto a la verdad. Recuerdo cuando propusiste una lluvia de ideas para dar la batalla terminológica al asunto del aborto. Pues me parece que la terminología de “progresistas” y “conservadores” JAMÁS debe ser aceptada, y mucho menos utilizada por aquellos a los que llaman “conservadores”. Me parece un error tremendo que internacionalmente haya colado. Mientras se mantenga eso, el tablero permanecerá inclinado hacia la izquierda, y las piezas irán cayendo hacia allá. Todo el mundo tiene la sensación de que hay que “progresar” hacia la izquierda y que la derecha sólo está para poner pequeñas trabas, obstáculos, que hagan que no vayamos tan rápido, como si tuviera la misión encomendada de conseguir que ese “progreso” vaya poco a poco y no se nos atragante. Este error ahonda en la legitimación de la izquierda, la perpetúa.
Yo no paso por ahí. Lo que hay que hacer ver a los políticos es que no es que vayamos demasiado deprisa, sino que vamos en el sentido contrario.
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Nacho: Se me ocurren al menos tres cosas que podemos hacer.
La primera, rezar, que siempre podemos y lo hacemos bien poco, cuando es la solución a innumerables problemas políticos aun cuando se desconozca cómo resolverlos.
La segunda, pensar, que es lo que más temen, lo que intentan evitar. Despertemos ya del extraño hipnotismo en que nos tienen metidos, donde las ocsas son por situación y no por su propia esencia. Por ejemplo: Una madre es eso, Una madre, ni la renuncia a un supuesto derecho sobre el cuerpo, ni la evitación de un aborto que podría haberse planteado por simple comodidad. Una madre es una mujer con uno o varios hijos, lo que viene siendo dessde que el mundo es mundo.
Recuperemos la consciencia de ser HUMANOS y no elementos pasivos de una sociedad que nos mueve a su necesidad. Vivamos más nuestra dimensión de personas y entre personas, tanto en familia como en sociedad. Atendamos más a nuestras vocaciones personales, los dictados de nuestras conciencias y cuanto requiera nuestra dignidad.
Por último, ignorémosles, que no puedan entrar en nuestras casas ni en nuestro pensamiento, que queden siempre como algo extraño a nosotros que son, diciendo lo que quieran, que nosotros haremos lo que nos parezca. A Gandhi, esto último no le fue nada mal
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Enhorabuena , Nacho.
En tu articulo sobre la Conferencia estan las pautas sobre las que podemos continuar trabajando desde ahora. Como siempre, esclarecedor.
Y si es necesario cambiar alguna denominacion, como dice Jandro, como “progresistas”, o ” “conservadores”; pues la cambiamos. !Adelante! !Animo!
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Nacho: Ellos pretenden cambiar las cosas recreando una nueva realidad que suplanta a la Verdad. No podemos sacrificar nuestra identidad, ni nuestra entidad. Soberanía nacional, mientras esto sea el martillo de herejes, blasón de justicia. No tenemos que cambiar para adaptarnos a ellos, es lo que buscan.
¡ARRIBA ESPAÑA!
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Pienso que eso de ‘conservadores’ y ‘progresistas’ ha quedado en la modernidad, ya nos movemos en otro campo. Los progresistas son realmente los que luchamos por la vida.
Toda persona quiere progresar, y mientras se vincule ‘progreso’ con ideología de izquierdas tenemos las de perder…
Hay que concienciar a la gente de que ‘progreso’ es otro cosa.
Ahora que con la crisis ecónomica nos planteamos hacia donde caminamos…por dónde está el progreso, debemos convencer a la sociedad (con el ejemplo primero) que al futuro se camina por la Solidaridad y el Compromiso.
Apoyo toda la labor de HO y DAV, es admirable cómo estáis moviendo cielo y tierra..
Rezo por esta causa en la q tambien me involucro!
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