Dos niñas sentenciadas a muerte vivirán

El sábado pasado me enviaron, por correo electrónico, dos historias de rescates. Una, tuvo lugar en el Sur de España. La otra, en el norte. Las dos, el mismo día.

Gracias al trabajo de unos pocos voluntarios, dos seres humanos, todavía muy pequeñitos, vivirán. Si esos voluntarios se hubieran quedado en sus casas, viendo la TV:

  • los bebés habrían muerto de forma violenta;
  • sus madres habrían sufrido el Síndrome Post-Aborto; y
  • dos señores habrían engrosado su ya de por sí enorme patrimonio.

Sabemos que una es niña. Del otro bebé, todavía no sabemos su sexo.

Gracias al trabajo de unos pocos voluntarios:

  • los niños vivirán, crecerán, serán felices, se multiplicarán;
  • sus madres serán felices viendo crecer a sus hijos;
  • los dos señores propietarios de los abortorios han dejado de ganar todavía más dinero.

Si conoces a alguna mujer que esté pensando abortar, por favor, anímale a que llame a alguno de estos teléfonos.

Estas son las historias:

Estábamos sólo Manuel y yo; hoy tuvimos varios casos de personas a las que nos acercamos, que no habían ido allí “por casualidad”. Por ejemplo: un hombre joven que al entregarle la información de los métodos de eliminación de embriones y fetos, nos dice, al mismo tiempo que hablaba con alguien por el móvil:

“Yo estoy en contra, pero venía con malformaciones y no hemos tenido más remedio que “bajarlo”, explicándole a la persona con la qué hablaba: “Nada, nada, que hay aquí unos en contra del aborto dándome papelitos”. Claro, claro, añadí, no se pueden tener hijos imperfectos, ¿verdad?; a los que son imperfectos lo mejor es eliminarlos, ¿No?

Los viandantes estuvieron, como siempre, generalmente receptivos, comprensivos y muy “por la vida”, da gusto; la chicas jóvenes resultan encantadoras, te escuchan sonrientes y se ve claramente que les llegan los mensajes, yo diría que da la impresión de que no han tenido muchas oportunidades de oírlos y no les molestan, sino todo lo contrario, se ven “sujetos” centrales del tema y les gusta serlo. Un sólo transeúnte, varón, de unos 55 / 60 años trató de enjuiciarnos y darnos la vara, salió dialécticamente trasquilado y desarmado.

Al poco de empezar, vimos venir por la acera del abortorio a una señora de edad con una pareja joven; se pusieron a mirar a través de una de las ventanas, tratando de escudriñar el interior (nos resultó llamativo), los abordé, les entregué octavillas y les dije: “Por favor, cuando puedan no dejen de leerlas, ésto es lo que hacen aquí, ahí pueden Vdes. verlo en imágenes”, mientras les señalaba las pegatinas grandes colocadas en el contenedor de la basura que tenían al lado, y me aparté.

Después de mirar las pegatinas le echaron un vistazo a las octavillas, la señora de edad la dobló enseguida y se pusieron a hablar entre ellos mientras penetraban en el portal de la finca, sin que llegaran a pasar al interior del abortorio; discutían sin estridencia, daba la impresión de que no llegaban a ponerse de acuerdo sobre algo; lo comentamos y sacamos la conclusión de que habían ido para “abordar” el problema, aunque alguien no estaba completamente convencido; le dije a J. Manuel, ve tu ahora y ofréceles las reglitas milimitradas con los “fetitos”, Manuel me dijo que él para eso no servía; no me lo pensé, me aproximé y les dije: “perdón por haberles mostrado unas imágenes tan crudas, os quiero dar algo agradable, un pequeño obsequio, estas reglitas milimitradas que muestran el tamaño de un embrión en su bolsa, un fetito en el vientre de su madre que ya se ve claramente que es un bebé, ¡mirad que cosa tan bonita!, sin darles tregua, me saqué del bolsillo unas tarjetas de “Red Madre”, y les dije: “una última cosa si me lo permiten, les voy a dar esta tarjeta, por si en cualquier momento se enteran de alguna chica que se haya quedado embarazada de forma imprevista y que se le venga a la cabeza la idea de abortar, por favor que llame a este número, aquí le ayudaremos para que cambie de idea, le ayudaremos a tener a su hijo”.

Me retiré de nuevo, hablaron durante unos momentos más entre ellos, salieron del portal y se marcharon esquivando nuestras disimuladas miradas. Llegamos a la conclusión de que muy probablemente le habíamos dado a la pareja el empujón decisivo hacia el lado de la ¡VIDA!

Dos voluntarios nada más, una tarde bastante desapacible, habíamos empezado algo disilusionados, desencantados, con la moral bajita, más bien como el que cumple con una “desesperanzada” obligación. ¿Quien nos lo iba a decir?, creemos que le hemos robado al abortorio un “negocio”, que hoy salvamos otra vida de las garras de la muerte, y no ha sido ninguna horoicidad; pensamos que, muchísimas veces, un pequeño detalle, en el momento justo, significa la diferencia entre la muerte y la vida; y además una cosa, esas personas están ahí necesitadas de una voz que les “insinúe”, solo y simplemente “NO, NO LO HAGAS”, la fuerza de la vida que las mujeres embarazadas llevan dentro es tan grande, que estoy seguro desean agarrarse a la primera palabra que las libere de su terrible dilema.

Y la otra historia (mucho más breve):

Con nuestro grupo de rescate, esta semana hemos conseguido que una madre no aborte a su bebé aquí. Gracias a Dios la madre al final ha decidido quedárselo después e hacerle la primera ecografía y ver que era una niña. A Dios sea la gloria.

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