A pesar de todo lo malo de 2009, el Niño Dios volverá a nacer, es noche, en un humilde portal de Belén, lejos de los poderosos y los sabios de este mundo.
¡Feliz Navidad!
Atalaya de la resistencia
A pesar de todo lo malo de 2009, el Niño Dios volverá a nacer, es noche, en un humilde portal de Belén, lejos de los poderosos y los sabios de este mundo.
¡Feliz Navidad!
Bonita felicitación de Navidad que me ha enviado un amigo.
Si Dios está con nosotros, ¿quién podrá levantarse contra nosotros?
Te deseo una feliz Navidad y un 2009 cargado de bendiciones.
Traigo a continuación el texto competo de la catequesis sobre la preparación a la Navidad pronunciada el miércoles pasado por el Papa Benedicto XVI durante la audiencia general, a los peregrinos congregados en el Aula Pablo VI.
Queridos hermanos y hermanas:
Comenzamos precisamente hoy los días del Adviento que nos preparan inmediatamente a la Natividad del Señor: estamos en la Novena de Navidad, que en muchas comunidades cristianas se celebra con liturgias ricas en texto bíblicos, orientados todos ellos a alimentar la espera del nacimiento del Salvador. La Iglesia entera, en efecto, concentra su mirada de fe hacia esta fiesta ya cercana, predisponiéndose, como cada año, a unirse al canto alegre de los ángeles, que en el corazón de la noche anunciarán a los pastores el extraordinario acontecimiento del nacimiento del Redentor, invitándoles a acercarse a la gruta de Belén. Allí yace el Enmanuel, el Creador hecho criatura, envuelto en pañales y acostado en un pobre pesebre (cfr Lc 2,13-14).
Por el clima que la caracteriza, la Navidad es una fiesta universal. Incluso quien no se profesa creyente, de hecho, puede percibir en esta celebración cristiana anual algo extraordinario y trascendente, algo íntimo que habla al corazón. Es la fiesta que canta el don de la vida. El nacimiento de un niño debería ser siempre un acontecimiento que trae alegría: el abrazo de un recién nacido suscita normalmente sentimientos de atención y de premura, de conmoción y de ternura. La Navidad es el encuentro con un recién nacido que llora en una gruta miserable. Con templándolo en el pesebre, ¿cómo no pensar en tantos niños que aún hoy ven la luz en una gran pobreza, en muchas regiones del mundo? ¿Cómo no pensar en los recién nacidos no acogidos y rechazados, a los que no llegan a sobrevivir por falta de cuidados y atenciones? ¿Cómo no pensar también en las familias que quisieran la alegría de un hijo y no ven colmada esta esperanza? Bajo el empuje de un consumismo hedonista, por desgracia, la Navidad corre el riesgo de perder su significado espiritual para reducirse a una mera ocasión comercial de compras e intercambio de regalos. En verdad, sin embargo, las dificultades y las incertidumbres y la misma crisis económica que en estos meses están viviendo tantas familias, y que afecta a toda la humanidad, pueden ser un estímulo para descubrir el calor de la simplicidad, de la amistad y de la solidaridad, valores típicos de la Navidad. Despojado de las incrustaciones consumistas y materialistas, la Navidad puede convertirse así en una ocasión para acoger, como regalo personal, el mensaje de esperanza que emana del misterio del nacimiento de Cristo.
Todo esto, sin embargo, no basta para asimilar plenamente el valor de la fiesta a la que nos estamos preparando. Nosotros sabemos que ésta celebra el acontecimiento central de la historia: la Encarnación del Verbo divino para la redención de la humanidad. San León Magno, en una de sus numerosas homilías navideñas, exclama así: “Exultemos en el Señor, queridos míos, y abramos nuestro corazón a la alegría más pura. Porque ha amanecido el día que para nosotros significa la nueva redención, la antigua preparación, la felicidad eterna. Se renueva así para nosotros en el ciclo anual el elevado misterio de nuestra salvación que, prometido al principio y realizado al final de los tiempos, está destinado a durar sin fin” (Homilía XXII). Sobre esta verdad fundamental vuelve muchas veces san Pablo en sus cartas. A los Gálatas, por ejemplo, escribe: “Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley… para que recibiéramos la filiación adoptiva” (4,4). En la Carta a los Romanos pone de manifiesto las lógicas y exigentes consecuencias de este acontecimiento salvador: “Si (somos) hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados” (8,17). Pero es sobre todo san Juan, en el Prólogo al cuarto Evangelio, quien medita profundamente sobre el misterio de la Encarnación. Y es por esto que el Prólogo forma parte de la liturgia de la Navidad desde tiempos antiguos: en él se encuentra, de hecho, la expresión más auténtica y la síntesis más profunda de esta fiesta, y del fundamento de su alegría. San Juan escribe: “Et Verbum caro factum est et habitavit in nobis - Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14).

Muy interesante el audio que me pasan mis amigos de ACI Digital. Las balconeras “Feliz Navidad” traspasan el charco. Quizás sirvan de base de un movimiento internacional y nos podamos encontrar balconeras en todo el mundo.
Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.
Lo siento mucho por los que todavía no tengan su balconera, pero después de tres pedidos distintos de balconeras, nos estamos quedando sin ellas. Aunque si te das mucha prisa, todavía estás a tiempo.
La foto es de la balconera que ha puesto en su balcón un amigo de Barcelona.
Actualización 19:53 h. Mons. Munilla y otros obispos animan a poner balconeras cristianas. Lo he leído en el ABC de hoy. Incluyo a continuación la carta de Mons. Munilla.
Continuar leyendo ‘Las balconeras también sirven para luchar por la libertad’ »
Social Homes